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ROMA: “Stazione Termini”

Nunca había estado, hasta hoy, en Roma, así que el viaje un tanto improvisado en estas fechas tan calurosas, se presentaba -por alguna misteriosa razón que todavía desconozco- con un sabor agridulce, una mezcla de emoción y miedo escénico. La antevíspera del día señalado dormí bien, un sueño reparador y me levanté dispuesto a afrontar la víspera de la salida llena de preparativos de última hora y falta de sueño.
Era una calma tensa, la serenidad de un viaje deseado y la lucha interior para afrontarlo con energía y optimismo; las dudas y cambios de humor en los últimos días parecían disiparse.
El día había comenzado duro, el nerviosismo del viaje, la incertidumbre de lo por venir…
Cuando me bajé del bus que desde Fiumicino me llevó al hotel, una sensación de desamparo sólo mitigada por el sonido de un tranvía que pasaba en medio de un lugar que parecía un desierto. Atónito le miré mientras se alejaba, parecía salido de la nada.

La entrada al hotel -un hotel modesto- era sin embargo acogedora. Un pequeño recibidor y el mostrador para el registro.
La llave de la habitación tenía un pequeño cartel tipo tarjeta en la que se indicaba su número: "due quattro quattro"
Al abrir la puerta, la estancia estaba en penumbra. Un balcón daba a la calle con las contraventanas cerradas. El frescor de la habitación se mezclaba con el calor que venia del exterior.
El pequeño hotel -antiguo pero renovado-, acogedor, me hizo olvidar el desamparo de la vía Giovanni Giolitti.
Mientras duraba el registro un mozalbete me mostraba un plano de Roma. Rodeó con un círculo el lugar en el que nos encontrábamos y la estación Termini como punto importante de referencia.
Después en un italiano entendible por su musicalidad, trazó dos grandes líneas que la atravesaban por el Norte y por el Sur. Una de color rojo y la otra de color azul. Estas dos líneas conformaban la comunicación metropolitana en Roma.
No serían más de las doce del mediodía; el vuelo había sido madrugador y pese a la tardanza en la recogida de las maletas en la cinta que daba vueltas y vueltas, era el tiempo de iniciar la peregrinación. Mi deseo de perderme en las callejuelas de esta ciudad en busca de algún rincón inexplorado, y al mismo tiempo encontrar algo grandioso comenzaba, pero no sabía que se haría realidad hasta tres días después….
Charly