Medea (Fermín Cabal)


Arrebatos y delirios de una histérica furiosa en tierras de Corinto

¿Qué queréis de mí?
¿Qué me llamáis?
¡Aquí está Medea, la bruja, la hechicera,
aquí de frente a pesar de que el corazón apenas la sostiene! ¿Por qué huís, mujeres de Corinto?
¿Pensabais verla gemir, desfallecida en su alcoba,
lamentando la perfidia de ese hombre maldito,
de ese Jasón embustero por el que un día sacrificó
su honor y arriesgó su vida?
En la desgracia ajena hay siempre una victoria,
pero no os solazaréis con mi infortunio…
¡Un Dios sostiene a Medea, apiadado de su vergüenza,
y le presta su aliento para contestar vuestras chanzas…!
Insensatas, majaderas… De mí os burláis sin comprender
que la desgracia aflige por igual a todas las mujeres.
Todas nos vemos sometidas al yugo conyugal,
Aguantando sobre los riñones el peso de la familia,
viendo nuestra carne comprada a cambio de una dote
y humillada nuestra alma al servicio
del deseo caprichoso de nuestros dueños.
¡Y todavía hay que oírles decir que nuestra suerte
es feliz, pues no tenemos que defender a la patria
en el campo de batalla!
¡Al menos ellos van al combate protegidos
por petos y rodelas!, pero nosotras, desgraciadas,
¿qué escudo tenemos cuando nuestro vientre
revienta como una granada madura?
Decidme, entonces, ¿a qué vienen esas chanzas,
esas murmuraciones? ¿No es mi desgracia trasunto
de la vuestra? ¿No presentís en mis lágrimas el dolor
que os acecha a la vuelta del camino?
¿Os empuja acaso mi condición de extranjera?
¿Mi falta de recursos, privada como estoy del amparo
de mis leyes, y de la protección de mi familia?
¿Lo encontráis gracioso? ¿Divertido?

Oh, Padre Sol, Tú que con tus rayos sostienes
la apariencia e induces en los míseros mortales la ilusión
de cultivar sus cosechas, de engordar sus animales,
de recorrer los caminos como si llevaran a alguna parte,
Tú, que todo lo puedes porque tu materia incandescente
es la esencia última de la contingencia, ¡yo te invoco!
¡Retira tus rayos protectores y permite que se revele
el reino de las sombras y que los dioses funerarios
y en especial el ciego Caos escuchen mis conjuros!
¡Acude, Hécate, astro de la noche, y aplaca mi sed de venganza!
He ceñido mi cabello con esta cinta que remeda
el contorno del pozo, su brocal,
porque el mundo es un pozo, un agujero oscuro
que se hunde en lo ignoto y del que se espera siempre
agua nutricia, pero que a menudo se seca y no ofrece sino lodo,
ámbito de las culebras y los sapos, y ese pozo y su canal,
son también figura del tránsito que todos haremos
hacia la otra vida, no menos cierta que esta prisión
en la que nos arrastramos.
He cubierto mis hombros con ceniza, como es preceptivo,
y ya alzo la cuchilla que herirá mi brazo.
Mira mis venas desgarradas, como prenda ritual.
Oh, Hécate, mi sangre riega estas losas odiosas
que son testigo de mi desgracia,
y tiñe de rubor el rostro de sus caminos.
¡Que su sacrificio sea bastante
para que mis votos sean escuchados!
Mira esta prenda tejida por mi mano
durante todas las noches del pasado invierno.
Yo la hilé con sumo cuidado como ofrenda
de mi amor, de ese amor que ha sido escarnecido
por un vergonzoso adulterio. ¡Hazla tuya
y absorbe de esta hoguera,
altar sagrado ante el que oficio,
la fuerza destructora de sus llamas!
¡que como lenguas de un perro enloquecido
laman sin descanso las carnes de la infame
cuando, recibiéndola como un presente, se la vista!
¡Y que esta guirnalda de flores,
bellamente trenzada sobre una lámina de oro,
sea el cruel instrumento por cuyo medio
mi ira se vea aplacada!
¡Que los rayos de mi padre el Sol,
en ella reflejados,
incendien el tejido de este peplo finísimo,
la asfixien entre horribles chillidos
mientras el fuego derrite sus miembros
y sus cabellos se alzan flamígeros
como la antorcha de una boda!


MEDEA
¿Tan terrible te parece la muerte?
¡Morir, morir! ¡Como los griegos
tiemblas ante la muerte!
¿No ves que nuestro padre Helios,
el divino sol resplandeciente, muere ensangrentado
todas las tardes, y regresa sin tardanza
otra vez por la mañana?
¡La muerte no es sino un descanso,
el lugar, quizá, donde se realizan los sueños!
Descanse Glauce, y descanse Creonte,
y descansen mis hijos, criaturas inocentes,
pero ese Jasón, ese semental engreído,
no tendrá descanso. ¡Su sufrimiento
no ha hecho más que comenzar!
¡Aún no imagina lo que le espera!

NODRIZA
¿Tus hijos? ¿Qué descansen tus hijos, dices?
¡Ay, temo que estás tramando otra nueva iniquidad!

MEDEA
Mis hijos son el fruto de mi vientre
y a su madre se deben sin excusa.
Ellos me ayudaron a acabar con Glauce,
llevándole los arteros regalos,
y ahora me ayudarán a castigar a su padre,
hiriéndole en lo más profundo del corazón,
allí donde reposan los sentimientos.
¡Llorará Jasón, llorará sin cuenta, por los días
de sus días! Y como, a pesar de su apariencia
guerrera, es de ánimo indeciso,
su suplicio se prolongará inútilmente
hasta que un dios, apiadado,
le dé caritativa muerte,
al ver que su cobardía le impedía
acabar por su propia espada.

NODRIZA
¡Pero si algo les haces a esos niños,
desdichada, tú también llorarás!

MEDEA
Lloraré, sí, ya estoy llorando… Pero más habré
de llorar si les arrastro conmigo, pues los hijos
son un vínculo perenne entre los esposos.
Viéndoles crecer, yo veré crecer también a Jasón.
Viéndoles crecer, yo veré también crecer mi error.
Viéndoles crecer yo seré esclava de contradictorios
sentimientos, mientras Jasón, reposado,
ausente la preocupación de su cabeza,
sabiendo que sus vástagos están siendo educados,
olvidará a Glauce y a la demente Medea,
y encontrará consuelo en otra presa de su concupiscencia.
¡No!
Nodriza, es justo y necesario que ellos mueran
para que su madre quede libre y pueda volver
a sonreír dentro de un tiempo, aunque ahora
tenga que llorar sangre, y bilis, y las más
ásperas lágrimas. Pero, como el sacerdote
de nuestro culto, por la sangre saldré purificada.

NODRIZA
¡Oh, Medea, apiádate de esas criaturas!

MEDEA
¡Ni tú ni yo sabíamos, pero los dioses
han querido que nacieran muertos!
Preocúpate ahora de ti misma;
¿no ves que los corintios
obligados por las leyes de la venganza
no van a respetar tu vida?
¡Calla y apresúrate!
(Alfredo)

9 comentarios:

Luna dijo...

Me quedé sin respiraciónnnn.........! Esto es lo que me apasiona del teatro....lo que me produce...la imaginación...música....piel de gallina....
Nosé cómo sigo escribiendo...!
-.-.-.-Besosss.-.-.-.-

Alfredo dijo...

Es inevitable leer o ver representada esta tragedia sin sentir un escalofrío que nace desde lo más profundo. Emociones, sentimientos, venganzas, odio, amor... todo llevado al límite. El teatro es vida.

Clara dijo...

GUAU... QUÉ DELIRIO!!! "Una histéria furiosa..." bien descripto!! No todos los hombres son como Jason. Amo mi condición de MUJER, MADRE Y ESPOSA!
pero, sí, que Medea me hizo estremecer!!
besos

Anónimo dijo...

Clara Estrella dijo:


GUAU... QUÉ DELIRIO!!! "Una histéria furiosa..." bien descripto!! No todos los hombres son como Jason. Amo mi condición de MUJER, MADRE Y ESPOSA!
pero, sí, que Medea me hizo estremecer!!
besos

Alucard dijo...

Las tragedias griegas son simplemente una delicia del teatro, y claro un enigma de posibilidades entre las pociones de Medea y la arrogancia de Jasón. Un excelente artículo el tuyo.

MentesSueltas dijo...

Pasaba para agradecer tu visita y decir que te espero siempre. La historia, la imprimo y leo con más tiempo, lo que leí es interesnatisimo...

MentesSueltas

Beíta dijo...

Muchas gracias.
Contáis conmigo para lo que sea...
Los post son muy buenos la verdad, me ha gustado mucho el de Magritte.
Muchos saludos!

Ana R dijo...

Soy una fanática de la época griega, sus tragedias, su apasionamiento de vida , sus mitos...

Una delicia.

Gracias por la visita a mi espacio.

Un abrazo

Alfredo dijo...

Alucard, los griegos lograron plasmar por escrito toda la complejidad de la condición humana. En este caso se trata de un autor contemporáneo y español, y logra hacernos llegar toda la fuerza de las pasiones desatadas. Coincido en la admiración por los dramaturgos griegos.

Mentes sueltas, si lo que has leído te ha gustado, trata de leer el texto completo, bien esta adaptación bien el original. Los dos fantásticos.

Ana, comparto contigo el interés por el teatro griego y por sus manifestaciones artísticas en general. Retrato inmisericorde de las pasiones humanas el que hacen en todas sus tragedias. A pesar de los siglos son totalmente actuales.

Gracias a todos y un saludo!!