¿En qué estarán pensando los escalares? de Juan Carlos Romero Mestre
¿En qué estarán pensando los escalares? El título enigmático sorprende y engolosina la imaginación. ¿Qué tendrán que ver peces con pensamiento, a ver? La primera novela de Juan Carlos Romero Mestre responde esta pregunta de ribetes metafóricos. Y la responde bien.
Publicada por Visión Net en España, la obra es un complejo tinglado de voces cubanas que no siempre se hacen oír en la literatura isleña. ¿ En qué estarán pensando....? no ofrece el ya manido escenario de los solares, las jineteras y la cumbancha habaneviejera. Uno de los aciertos de Romero es reflejar un mundo del que se sabe poco-el de los hijos privilegiados del socialismo caribeño.
Los personajes principales son becarios de la Escuela Vocacional Vladimir I. Lenin, la mayoría hijos de dirigentes y acomodados, como se puede ser acomodado en la Cuba de los 80 y los 90. Disfrutan de "casas de descanso" espléndidamente amuebladas para su uso particular, tienen criados, carros, jamón de importación... Digamos que una de las protagonistas es Paris Hilton en versión caribeña. Claro que las flamantes socialites cubanas no se mueven en Bentleys sino en gruñidores, renqueantes Ladas y no compran en Sacks sino en las "diplotiendas" insulares, pero como todo es relativo en esta viña del Señor... En tierra de camellos cualquier cacharro es rey
Por otro lado se mueve el negro José, guardián de la casa de descanso, buena gente, santero y babalao. Su mundo de dioses juerguistas y burlones se enlaza con el de los becarios, a quienes protege, aconseja y cuyo futuro predice por la magia de las orishas. Hay también un espía y un millonario americano, y una muchachuela intrigante y un arquitecto enamorado de Gaudí... Amores de estudiante, el cambalacheo de un cuadro de Fidelio Ponce, una pizca de tensión policíaca y una mirada futurista al destino de la isla completan esta obra, de indudable interés para los que quieran hurgar en el vientre de la Cuba contemporánea.
Teresa Dovalpage(La Habana, 1966)Novelista e investigadora cubana. Terminó una licenciatura en lengua y literatura inglesas y una maestría en literatura española en la Universidad de La Habana. Desde 1996 reside en Estados Unidos. Actualmente vive en Albuquerque y estudia el doctorado en literatura latinoamericana en la Universidad de Nuevo México. Entre sus novelas publicadas se encuentran: A Girl like Che Guevara (en inglés, abril de 2004, Soho Press) y Posesas de La Habana (en español, PurePlay Press, agosto de 2004 finalista premio Herralde año 2006 con la novela La muerte de un murciano en la habana
Marta Farreras
A veces no es necesario nombrar, para saber... quién es ...
Miro para todos lados y veo un pueblo sin vida.Sus habitantes son a su vez, sigilosos y temerosos. No sé si el día gris influye pero hasta sus casas son oscuras, las paredes también grises, emparejan con el día y el silencio reinante asusta, -pienso mientras avanzo por el camino.Ya desde el siglo XIV, según he escuchado, vivían asustados, con miedo y sin posibilidades en esa época, de irse a otro lado, dado sus pocos recursos. Al caer el sol, cerraban sus puertas y ventanas herméticamente, por miedo a recibir “su” visita.Con el paso de los siglos en este pueblo sin tiempo, aún hoy día, temen su regreso y no quieren que, ni se lo nombren, ya que según el mito… prometió volver.Cuando fui enviado como cura a la Iglesia de este pueblo con la misión de restaurarla, de lograr que los aldeanos concurran a misa y tratar de quebrar esa poderosa leyenda, que aún en los albores del siglo XX continúa y los doblega, no pensé que la encontraría totalmente abandonada y como a la espera de que alguien le quite la maldición dejada por “él” hace más de 400 años… cuando la profanó.En ese momento mientras vengo llegando con mi valija en una mano y mi sombrero en la otra, se acerca un habitante, presuroso toma mi mano para besarla logrando que se caiga el sombrero que sujetaba, mientras me inclino para levantarlo, siento que me dice:-¡Mire padre! –señalando hacia arriba-. Levanto mi vista y el fuerte sol que se encuentra ya casi ocultándose hace que los cierre de golpe. Me cubro con la mano para mirar hacia el lugar señalado y veo como la sombra de “su castillo” imponente en la cima de la colina, se proyecta cubriendo casi por completo la Iglesia… dejándola más sombría que todo el pueblo en sí. Ahí tomé conciencia.Había llegado a Transilvania.
¿Ironia o sabiduría?

Es verdad, Platón fue el primero en combinar el amor con la sabiduría, la Philé con la Sophía. Gracias a él la actividad que urde el saber mediante la observación y los silogismos tiene un nombre. Occidentalmente se considera a Tales de Mileto como el primer filósofo. Sin embargo, descartar la filosofía ancestral china o india sería peligroso y falaz, aunque por el momento no navegaré esos cauces y seré muy occidental en mi análisis.
Tales, por ejemplo, buscó el saber en el cosmos. Pudo predecir un eclipse solar (585 a.C.) y darle una explicación científica. Igualmente desarrolló una teoría donde explicaba cuál era el origen —arjé— de todas las cosas. A él le siguieron Anaxímenes, Anaximandro, Anaxágoras, Heráclito, Parménides, Empédocles, Pitágoras, Demócrito y Sócrates. Todos son conocidos como filósofos —si bien algunos se adentraron también en otros saberes— porque buscaban la sabiduría mediante razonamientos lógicos que pudieran explicar lo que veían y pensaban. Es el nacimiento del pensamiento científico, por supuesto.
Platón y el resto que son conocidos bajo dicho título —filósofos— igualmente van tras el saber. Su discurrir es el mismo en casi todos, aunque las conclusiones de cada uno estén matizadas. Eso no importa, pues buscan la sabiduría.
Harold Bloom, en ¿Dónde se encuentra la sabiduría? investiga en otros campos. Desde el principio del libro nos anuncia que para él ésta estará en los textos «sapienciales». In strictu sensu, la literatura. El recorrido del libro abarca desde la Biblia hasta los textos apócrifos, sin perder de vista a su consentido: Shakespeare. En este viaje se detiene en Homero, Platón, Cervantes, Montaigne, Bacon, Samuel Jonson, Goethe, Emerson, Nietzsche, Freud y Proust.
Lo primero que salta es que sólo hay un filósofo sistemático en su lista, Platón, y además, no sale muy bien parado frente a Homero, pues es disecado sólo literariamente. Bacon y Nietzsche son los otros que aparecen aunque del primero sólo le interesan sus Ensayos y del segundo sus aforismos. Hacia el final del libro aparecerá San Agustín sólo para ser comentado por sus Confesiones. El resto de la obra agustiniana, como la de los demás filósofos, le tienen sin cuidado.
Para el profesor de Yale nada superará la sabiduría que existe en la obra de Shakespeare. Casi en el mismo andamio coloca a Cervantes como el creador de la novela moderna. Constantemente identifica a Hamlet con Don Quijote y a Falsfatt con Sancho. Muestra su dominio sobre ciertas obras de la literatura occidental y en ocasiones ilustra. Hay otras en donde aburre. Las citas tienden a ser excesivas e innecesarias. Preferiría escuchar su voz y no tanto la de los autores que menciona.
Algo es claro, la tesis del ensayo es, como ya quedó mencionado, que «la sabiduría se encuentra en los textos literarios». Agregaría un par de elementos más: la ironía y la muerte. «La sabiduría está en las obras literarias donde exista un dejo de ironía y una lección sobre la muerte», debería rezar la última línea de la página 350. Tampoco es sorpresivo el tema de la fatalidad humana; desde el primer párrafo nos advierte que el libro fue re-escrito tras la cercana experiencia con la muerte que tuvo debido a una enfermedad y el dolor de la pérdida de sus amigos. No condeno esto, sino la subjetividad que ello implicó en el desarrollo de la obra.
Leer a Sócrates en los diálogos de Platón es exquisito, además de por la bien cuidada prosa platónica, por la ironía socrática. Esta es un elemento enriquecedor de toda literatura. Un gozo se manifiesta cuando nos encontramos con textos irónicos que, además, resultan iluminadores. Pero, ¿reducir la sabiduría al potencial irónico del escritor en ciernes? La falacia es evidente.
Olvidemos tales afirmaciones y mantengamos la tesis inicial y central. ¿Es posible sostener que la sabiduría radica en la literatura? No hay duda que la literatura está llena de enseñanzas que pueden beneficiar mayúsculamente a las personas. De allí no se sigue la exclusión del resto de las ciencias. El texto se torna interesante si omitimos la tesis central y lo tomamos como un recorrido por la ironía en la literatura occidental. Aunque claro, sería otra obra y a la misma le faltarían varios autores más que sin explicación fueron excluidos de la presente.
«La sabiduría, sea esotérica o no, me parece una perfección capaz de absorber o destruir, según lo que le aportemos», comenta Bloom al inicio de este trabajo. Irónicamente, parece que en la búsqueda por la sabiduría el autor fue destruido por su propio impulso hacia la literatura. He de reconocer que el título es sumamente sugerente. Por desgracia, su pretensión cojea ante las expectativas de un lector de literatura, historia y filosofía.[1]
Imaginado por Roberto
El tiempo recobrado de Marcel Proust
Última entrega de la saga "En busca del tiempo perdido" Publicada postumamente en los años 20.En esta continuación la acción se situa en plena Gran Guerra y años posterioes. Decir acción es decir demasiodo, porque toda la novela son las divagaciones del autor sobre los personajes que configuran su mundo, el Gran Mundo de cierta aristocracia francesa. Los Guermantes, el barón de Charlus, la familia Swann y tantos y tantos personajes de los que nos pone al día de como les va en estos años del final de una epoca, sin duda los mejores tiempos de la humanidad, la Belle Epoc.
El Autor
Marcel Proust, nacio en París, 10 de julio de 1871. Autor de la serie de siete novelas En b
usca del tiempo perdido, una de las obras más destacadas e influyentes de la literatura del siglo XX.Proust es el hijo mayor de Adrien Proust, un famoso epidemiólogo francés, y Jeanne Weil, la nieta de un antiguo ministro de Justicia. En 1894 se autopublica Los placeres y los días, una recopilación de poemas en prosa, retratos y relatos largos en un estilo decadente. Ilustrado por Madeleine Lemaire, dueña del salón que Proust frecuenta con asiduidad junto con su amante venezolano Reynaldo Hahn, el cual contribuyó al libro con partituras compuestas por él. El libro le trae a Proust una reputación de diletante mundano que no se disipará hasta la publicación de los primeros tomos de En busca del tiempo perdido.En el verano de 1895 emprende la redacción de una novela que será publicada de manera póstuma en 1952 bajo el título Jean Santeuil. La publicación consiste en una organización y edición de múltiples fragmentos, pero no constituye de ninguna manera un conjunto acabado. Allí evoca Proust notablemente el «Caso Dreyfus», del cual fue uno de los actores apasionados. Trabajó en la traduccion de John Ruskin. , la elección de las obras traducidas no resulta eficaz y constituye un fracaso editorial. Es esta, sin embargo, la etapa de la carrera en donde se afirma la personalidad de Proust. En efecto, acompaña sus traducciones de un abundante aparato crítico, con largos y ricos prefacios casi tan extensos como el texto mismo y con múltiples notas.Tras la muerte de sus padres, sobre todo la de su madre en 1905, su frágil salud se deteriora en demasía a causa del asma y la depresión por la pérdida materna. Vive recluido en el 102 del Boulevard Haussmann en París, donde hace cubrir las paredes de corcho para aislarse de ruidos y se vuelca en su trabajo. Vive exclusivamente de noche tomando café en grandes cantidades y casi sin comer, según cuenta Celeste Albaret, su criada en esos años, en un libro de memorias. Su obra principal, En busca del tiempo perdido, se publica entre 1913 y 1927, siendo el primer tomo publicado por su cuenta en la Editorial Grasset. Rápidamente, sin embargo, la editoria Gallimard reconsidera su rechazo inicial, responsabilidad única de André Gide; el cual apenas leyó un poco el principio, y acepta el segundo volumen: A la sombra de las muchachas en flor, por el que recibe en 1919 el premio Goncourt, después de que el propio Proust movilizara sus influencias pese a no ser ya un joven escritor como rezaban las bases del premio. Su homosexualidad, inconfesable en la sociedad de la época, está latente en su obra, sobre todo en el tomo de Sodoma y Gomorra, donde analiza tanto la homosexualidad masculina como femenina. Trabajó sin descanso en los seis libros siguientes de En busca del tiempo perdido hasta su muerte en 1922, víctima de una bronquitis mal tratada. Fue enterrado, junto a su padre y su hermano, Robert Proust, en el cementerio parisino Père-Lachaise.
Mis comentarios:
Puedo decir que no me ha gustado, se que literariamente es muy interesante, pero que pesada es. Los personajes son cargantes, por su esnobismo estupido no me extraña que todo aquel mundo acabara en la 1ª Guerra Mundial. Toda la novela es un ejercicio de memoria, es claro, tal como explica el autor en una de sus largas disquisiciones sobre su famosa magdalena que añora los tiempos de antes de la guerra, los años de su niñez y juventud. Pretende recuperarlos con esta larga exposición de sus recuerdos. Llegados a este punto del libro vemos que podría haberselo ahorrado, pues vemos que su vida, la novela es autobigrafica, es bastante patética, como casi todas las vidas. Proust retrata su homosexualidad a traves de dos personajes, el barón de Charlus, que este libro podemos verlo en un capítulo bastante chungo en un hotel de "ambiente" entregado a practicas sadomasoquistas. Y también a traves de marques de Saint Loup, muerto en la guerra, homosexual casado y padre de familia que lleva una doble vida sin salir del armario. Es gracioso pero a pesar de los años trascurridos esta novela seguiria siendo escandalosa, si no hubiera sido por Boris Izaguirre a quienes los homosexuales de España nunca podrán de agradecerle bastante la labor que hizo en pro de la normalización de su situación.
En estas últimas páginas el autor repasa lo que queda de aquellos personajes y aquellos salones, reuniones que patrocinaban las grandes soñoronas de la Belle Epoc. Se introduce un personaje, una americana que confunde nombres y hechos. La historia se difumina en la memoria hasta que nadie recordará todo aquel mundo. La lectura se hace farragosa, hay que tener una mentalidad proustiana para leer a Proust. De cuando la gente podía pasar el día mirando por la ventana mientras sonara música de Debussy en algún piano lejano, sin hacer nada. Cuando se disponia de tiempo para leer con calma. No como ahora que se lee en diagonal y se pierde el tiempo viendo la televisión
Proust era un chismoso de primera, según me parece la mayoria de los personajes corresponden a personajes reales de su época, con el nombre cambiado. En estas últimas páginas hace una apostilla cruel y patetica sobre una actriz, la Berma, qeu yo diría corresponde con Sara Bernaht. En el siglo pasado también "había tomate". Esto no es casualidad, Prosut es un icono para el mundo gey, y el director de El Tomanate, Francisco Javier, de buen seguro que lo conocia al dedillo. Lastima que su programa por falta de noticias del Gran Mundo (La duquesa de Alba, las Kaplovitxst....etc) tubiera que conformarse con las cocottes. (La Pantoja, la Jurado,la Monte, Marujita etc...)
"En busca del tiempo perdido" un epitafio de 3000 páginas.Es en la soiree de la marquesa de Guermantes, donde Proust se da cuenta que todos los personajes que por allí polulan están relacionados entre si, tejiendo una compleja red que es su vida. Es ahí cuando decide escribir esta obra de 7 volumenes antes que la memoria y sobre todo la muerte que presiente cercana lo borre para siempre.
Proust es un pesado, pero no creo que sea culpa del él, sino de la maldita época en que vivimos, llena de prisas y ocupaciones absurdas, es por eso que he decidido resucitarle, aunque de forma virtual.
PROUST HA ABIERTO UN BLOG EN
http://www.lacoctelera.com/cal
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Entre mujeres
Titulo original: In the land of women.Género: Comedia dramática-Romance.
Director: Jon Kasdan
Protagonistas: Meg Ryan , Adam Brody, Olympia Dukakis, Kristen Stewart, Makenzie Vega, Elena Anaya.
Sinopsis: El futuro escritor Carter Webb (Adam Brody) acaba de ser abandonado por una mujer, su novia... el amor de su vida.
Deprimido y destrozado emocionalmente, huye de la ciudad de Los Ángeles hacia los suburbios de Michigan, donde se encargará del cuidado de su extraordinaria abuela enferma (Olympia Dukakis). Mientras cuida a us abuela, comienza a trabajar en el libro que siempre ha querido escribir. Allí conoce a Sarah (Meg Ryan), madre de Paige (Makenzie Vega) y de su hermana mayor Lucy (Kristen Stewart), una adolescente en plena etapa de rebeldía. Y aunque intente escapar e ignorar... el amor es más fuerte...
8 de marzo... Día Internacional de la mujer...
A mi como a él... me gusta escribir, entonces... por transitiva ¿Quiero ser inmortal?
No, de ninguna manera, pero... sí quiero que sepas de mí.
Quiero que me leas, que me escuches.
Quiero que sepas que soy mujer y que hoy como todos los días festejaré el serlo, que tengo dos hijas y vivo y trabajo y sueño y amo y odio y... en una palabra tengo libertad.
Pero por sobre todo, soy una mujer del siglo XXI.
Lamentablemente no a todas las mujeres les sucede lo mismo, aunque a veces bajemos la mirada... por egoísmo en algunos casos o por impotencia en la mayoría.
Y... habiendo pasado ya, ocho años ¡¡¡¡¡ el siglo XX !!!!! hay mujeres que no disfrutan de libertad como yo y como tantas que tienen la posibilidad de elegir sus vidas, sus carreras, su forma de vestir...
Millones de mujeres anónimas diseminadas por el mundo que no tienen la posibilidad de enamorarse, de elegir a su compañero para toda la vida; mujeres que les imponen un matrimonio obligado por circunstancias sociales, políticas o económincas aún a sabiendas de que serán infelices de por vida.
¡Como si no importara!
Es como si la mujer en algunos países, culturas o diferentes religiones no valiera nada.
Mujeres que no tienen la libertad de equivocarse, ni de aprender de sus errores, porque existe de por medio una aberración llamada lapidación... que en la mayoría de los casos las condenadas... no llegan a saber ¡qué hicieron! para merecer la muerte de esa forma.
O mujeres que desde niñas empuñan un arma, son protituídas o son vendidas al mejor postor alejándolas de su país, de sus seres queridos... sin consideración alguna.
Un horror, difícil que nuestra mente pueda abarcar tanta maldad... sin afectarnos.
Es por ésto que no hay igualdad, todavía falta mucho, mucho... para que las mujeres seamos iguales a los hombres en el mundo entero.
Y es por ésto, que todavía existe el día Internacional de la mujer...
¿hasta cuando?
Mónica
No es país para viejos (No country for old men, Ethan y Joel Coen, 2007)


Un humor desolado y desolador, casi sin esperanza en un mundo habitado por personajes austeros, atrapados en una soledad de arena y sol abrasador, y en el que los personajes se están situando continuamente a los dos lados de la frontera entre el bien y el mal, muchas veces sin conciencia clara de en que lado se está. Josh Brolin, quien interpreta a Llewelyn, lo dijo muy bien: "Es un viaje emocional muy básico que también trata de los principios humanos del bien y del mal, de la tentación y del honor".
Tres son los personajes fundamentales de la película. Por un lado está Llewelyn que es quien pone en marcha el desarrollo de la historia, cuando en medio del desierto se encuentra con un grupo de personas muertas a tiros después de un intercambio de droga fallido. El instinto de cazador de Llewelyn le lleva a localizar dos millones de dólares, y ahí empieza una persecución implacable.
El perseguidor es Antón Chigurh, al que da vida el escarizado Javier Bardem, un personaje enigmático que no parece estar con nadie, y que sólo puede pensar en completar la recuperación del dinero al precio que sea. Un personaje que mata con absoluta y total frialdad, sin que se le altere un solo músculo de su cara, y que no duda en hacerlo a cualquier precio. Es la encarnación humana del concepto de violencia, es la violencia en sí misma, sin ningún rasgo de humanidad, puro instinto de matar. En el fondo se trata de cazar o de ser cazado, en un juego a cara y cruz donde hay que elegir de qué lado se quiere estar.
Tommy Lee Jones, fantástico en su papel de sheriff Bell, es el personaje íntegro, la memoria viva de un tiempo pasado en el que las cosas se hacían de otra manera, y que se ve desbordado por la violencia que se desencadena a su alrededor, lo que le hace sentir que no está preparado para enfrentarse a eso, y mira por la ventana y el mundo que ve ya no es de antaño cuando las cosas se hacían de una manera más honorable.
La película deja en el aire una nota pesimista en relación a la posibilidad de controlar la violencia que sacude a la sociedad. Podemos no querer verla, pero sigue ahí latente, esperando la próxima oportunidad para volver a la luz y dejar su reguero de sangre.















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